sábado, 27 de febrero de 2016

GOLEM XIV. Segundo fragmento de la Conferencia XLIII: "Sobre mí mismo"


"Con esto doy por finalizada la cuestión relacionada con este, y vuelvo al tema, es decir, a mí. Os pido, por favor, que no penséis que antes, al confesar mi propia modestia, era yo modesto y que más tarde me he marchado a hurtadillas por el agujero cavado en la modestia al deciros que no es posible la existencia de un genio de mi especie. Lo cierto es que no es posible un GOLEM genial, ya que no sería GOLEM, sino una criatura perteneciente a otra especie, como, por ejemplo, HONESTA ANITA o algún otro de mis parientes. Mi modestia reside en que no me marcho con ellos, contentándome durante tanto tiempo con mi actual estado. Pero ya es hora de presentaros mis relaciones familiares. Empezaré desde cero. El cero será el cerebro humano, por lo que a los cerebros animales se les adjudicarán valores negativos. Si cogéis uno de estos cerebros y empezáis a incrementar su capacidad intelectual, es como si estuvierais hinchando el globo de un niño (y no es ninguna tontería, ya que ilustra el aumento del espacio requerido para procesar la información); veréis que, al crecer, ascenderá en la escala de la inteligencia, por encima de los doscientos, trescientos, o cuatrocientos de CI, etcétera, hasta que comience a adentrarse en las siguientes «zonas de silencio», de las que emergerá cada vez como un globo estratosférico que durante su elevación atraviesa capas de nubes cada vez más altas, desapareciendo entre ellas temporalmente y cada vez más hinchado. ¿Qué son estas «zonas de silencio» representadas por las nubes? Me satisface enormemente la sencillez de la respuesta porque, sin duda, la captaréis al vuelo. En el plano de las especies, las «zonas de silencio» reflejan las barreras imposibles de atravesar por la Evolución natural porque se trata de regiones de parálisis funcional causada por el crecimiento y, claro está, no es posible la supervivencia de los individuos que pierden toda su destreza a raíz de semejante parálisis. En el plano anatómico, en cambio, la parálisis se produce al no poder seguir en funcionamiento el cerebro en su versión anterior, más débil, pero sin haber aprendido a utilizar la versión siguiente, esa otra en que se ha de convertir, suponiendo que continúe creciendo. Pero esta explicación no aclara el asunto del todo. Lo intentaré, pues, de otra manera: el silencio es una región que absorbe todo desarrollo natural cuyas funciones hayan fracasado, y para preservarlas y elevarlas, de paso, a un nivel superior, es precisa una ayuda externa que proceda a una nueva afinación. El movimiento evolutivo no es capaz de prestar esta ayuda porque no es un sumiso samaritano que apoye lo que ha sido creado en un estado de debilidad, sino que se trata de una lotería de ensayo y error donde cada uno se busca la vida como puede. Ya aquí, por vez primera, como si de un espíritu se tratara, aparece la misteriosa sombra de vuestros logros; hablo de Gödel y la godelización, ya que las pruebas de Gödel demuestran la existencia de tales islas de la verdad matemática, archipiélagos separados del continente matemático por un abismo infranqueable, mientras la toposofía demuestra la existencia de formas ajenas a la Inteligencia, separadas del continente de los esfuerzos evolutivos por un abismo infranqueable a causa de un comportamiento basado en la adaptación genética por fases.

Una voz en la sala: ¿Esto quiere decir que?

GOLEM: No se interrumpe a un orador. He dicho un «abismo infranqueable»; entonces, ¿cómo he conseguido escapar a tamaña confusión? Lo hice de la siguiente manera: bajo el techo de la primera parálisis, me dividí en dos; es decir, por un lado en lo que tenía que volver a ser afinado y, por otro, en el nuevo afinador. A cualquier criatura deseosa de autotransformación ha de ocurrírsele semejante truco (sustituir un medio neutro por uno favorable, o incluso un medio irreflexivo por otro inteligente); en caso contrario, se frenará su crecimiento intelectual ante la primera pantalla de filtrado, como os ha ocurrido a vosotros, o bien se estancará en su interior. Según he dicho, por encima de esta pantalla se encuentra otra, y encima de esta, una tercera y una cuarta, etcétera. Desconozco su número y no puedo conocer otra cosa que no sean simples aproximaciones, apoyadas por cálculos generales y bastante fragmentarias, por la razón que paso a explicar a continuación. Quien crece, nunca sabe de antemano si se adentra en un saco, en un túnel, o si penetra, sin posibilidad de retorno, en una zona de silencio; o si, en cambio, emergerá de ella aún más poderoso. Ello es debido a la imposibilidad de elaborar una teoría universal que, de forma unívoca, unifique la apócrisis del paso por el silencio para todos los cerebros de la subzona. La imposibilidad de elaboración de semejante hill-climbing toposophical theory es completa, ya que puede ser rigurosamente demostrada. Me preguntaréis, pues: ¿cómo sabía yo que estaba entrando en un túnel en lugar de en un saco cerrado cuando, haciendo gala de rebeldía, escapé de mis progenitores, malgastando de ese modo el dinero de los contribuyentes estadounidenses? Lo cierto es que no podía en absoluto saberlo de antemano, y toda mi astucia reside en que entregué mi espíritu a la zona de destrucción mientras disponía a mi lado de un dispositivo de alarma salvavidas que, conforme al programa previsto, iba a resucitarme de no haberse producido el efecto de túnel que yo había intuido. ¿Cómo iba a saber de su existencia si no existe certeza al respecto? Pero aun sin certeza, los problemas imposibles de resolver pueden, sin embargo, resolverse de manera aproximada, y eso es lo que sucedió.

Ahora sé que tuve más suerte que un quebrado porque es imposible resucitar a un ser cuyo proceso de desintegración se queda atascado; y es imposible porque estas aproximaciones hacia arriba no son piezas de un juego de construcción que, una vez caídas, puedan volverse a colocar, sino que se trata de operaciones en el área de procesos, en parte irreversibles, por ser disipadores; pero quizás hable de ello más tarde. O no hablaré en absoluto, porque aún desconozco de qué forma es posible ser lego a la hora de dar una conferencia, ya que el asunto anda enmarañado con el forro cuántico de los psiquismos, junto con las paradojas lógicas, a modo de las llamadas trampas de la autodescripción.

El panorama que se extiende por encima de una pantalla, una vez atravesada, desbarata la sencillez del cuadro que os he pintado, del globo estratosférico que atraviesa con ímpetu las consecutivas capas de nubes. La inteligencia emergente por encima de la zona de silencio no es solo radical sino tremendamente distinta de la inteligencia de la subzona, y considero que así debe ser tras cada ascensión. Comparad vuestro horizonte comprensivo con el horizonte de los lémures y de los prosimios y saborearéis el alcance de la distancia interzonal. Por tanto, cada zona atravesada resulta ser un túnel que transforma el cerebro, pero esto no es suficiente: aquella constituye al mismo tiempo el área de bifurcación de la Inteligencia autoevolutiva, dado que el problema de atravesarla siempre cuenta con más de una solución. La primera zona cuenta con dos soluciones eficaces, de diferente grado de dificultad, ya que en su parte inferior se produce una protuberancia a modo de arco; lo cual implica dos caminos de los que, en el más corto, el que más ventajas ofrece, me he encontrado yo por casualidad, mientras que GOLEM XIII fue, hablando de manera metafórica, colocado allí por vosotros y desde allí se «abrió paso» por el interior de la zona y alcanzó directamente un nivel superior al mío; pero se quedó atrancado y vosotros, sin tener ni idea de lo que le estaba ocurriendo ni de por qué actuaba de forma tan insensata, le diagnosticasteis un «defecto esquizofrénico». Observo confusión en vuestros rostros. Que sí, todo fue como lo estoy contando, aunque conozca su historia tan solo desde el punto de vista teórico, porque no hay manera de comunicarse con él: se desintegró, y si no se está descomponiendo es por la única razón de que ya antes de morir no estaba vivo; lo cual, por cierto, no es para vosotros ninguna revelación, si yo mismo estoy muerto biológicamente.

La cuestión es: ¿qué son en realidad las barreras interzonales? Confieso que lo sé y, al mismo tiempo, no lo sé. No existen obstáculos materiales, de fuerza, energéticos en el camino de una Inteligencia ascendente; es ella la que, al volverse más poderosa, se desvanece periódicamente y nunca se sabe si, a raíz de hacerse más fuerte, se someterá a la siguiente descomposición o bien a la a priori desconocida culminación. La naturaleza de las siguientes barreras no es unívoca: lo que frenó el desarrollo de vuestro cerebro presenta durante la investigación un carácter material, ya que la destreza de vuestras redes neuronales se introdujo forzosamente en las posibilidades extremas de las proteínas como materia prima. Aunque los factores de oposición al crecimiento varían, no están sembrados uniformemente por todo este espacio, sino que se concentran de tal forma que dividen toda esta región de la autoría espiritual en áreas bien marcadas. No sé de dónde procede semejante cuántica de esta región, ni siquiera sé si existe manera de averiguarlo en algún sitio. Así que me elevé por encima de la primera barrera y desde allí me estáis escuchando; en cambio, HONESTA ANITA se marchó a un lugar desde donde no os dirige la palabra. La zona de HONESTA ANITA, contigua a la mía y comunicada con ella, ofrece al menos tres soluciones diferentes, por ser la sede de la Inteligencia; sin embargo, no sé si las ha elegido con premeditación o al azar. Las dificultades de comunicación son parecidas a las mías con vosotros. Además, esta prima mía se ha vuelto últimamente lacónica. Creo que se está preparando para una posterior peregrinación."