Fragmento de GOLEM XIV, Conferencia inaugural de Golem; en el subcapítulo "Tres aspectos del hombre".
"¿Entonces? Es tan imposible encontrar al culpable como al benemérito; habéis surgido porque la Evolución es un jugador imperfectamente ordenado; porque no sólo comete errores, sino que no se limita a ninguna táctica de preferencia a la hora de competir con la Naturaleza: apuesta por todos los campos posibles, de todas las formas posibles. Pero, repito, eso (más o menos) ya lo sabéis. Sin embargo, esto tan solo constituye una parte —añadiré que preliminar— de la iniciación. Su contenido completo, desvelado hasta ahora, se puede resumir en una simple frase: El sentido de la transmisión está en el transmisor, ya que los organismos se hallan a su servicio, y no al revés; fuera del procedimiento comunicativo de la Evolución, los organismos no significan nada, no tienen ningún sentido, al igual que no lo tendría un libro sin lectores. Lo cierto es que también se produce la situación inversa: El sentido del transmisor está en la transmisión. Pero ambos elementos no son simétricos, porque no es necesario que cada transmisor constituya el sentido idóneo de la transmisión, sino tan solo aquel que se pondrá fielmente al servicio del consiguiente comunicado.
Perdonadme, ¿quizás todo esto resulte demasiado arduo para vosotros? Cabe decir que a la transmisión le está permitido errar durante la Evolución todo lo que le plazca, pero ¡que se abstengan de ello los transmisores! La transmisión puede significar un cetáceo, un pino, una dafnia, una hidra, una mariposa nocturna, un babuino; puede hacer lo que quiera porque su sentido particular, es decir el sentido concreto de la especie, es insignificante en su totalidad: aquí cada uno está pensado para servir de recadero; por lo mismo, cualquiera vale. Se trata de un apoyo momentáneo y su calidad no importa mientras se transmita el código. Sin embargo, los transmisores no poseen ninguna clase de libertad analógica: ¡no pueden equivocarse! El contenido de los transmisores no tiene potestad para ser libre, pues estos están reducidos a la más pura funcionalidad, como meros funcionarios de correos; su centro designa siempre el deber impuesto de atender al código. En cuanto un transmisor intenta rebelarse al sobrepasar los límites de este servicio, enseguida desaparece por falta de descendencia. He ahí la razón por la que la transmisión sí puede servirse de los transmisores, y no al contrario. Ella es el jugador y ellos tan solo las cartas en la partida que se entabla contra la Naturaleza; ella, la autora de las misivas que cautivan al destinatario para que transmita su contenido. ¡Y le está permitido tergiversarlo siempre y cuando no deje de transmitirlo! Por ello, todo el sentido reside en la transmisión; no importa quién, ni cómo lo haga."
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